|
RECOGNOCIMIENTOS
No se deje engañar por el título.
Es una modestia del artista porque la exposición es mucho
mas. A lo que va a asistir es a un extraño y fascinante diálogo
a muchas bandas.
Por
un lado, entre el título de la pintura y su contenido; por
otro, entre las diversas partes del cuadro y también, entre
ellas y usted como espectador.
Los cuadros de esta exposición a diferencia de otras anteriores
del artista, han cambiado en lo que se refiere al contenido e incluso
a la técnica. Ya eso es una novedad pero, sobre todo, ha
ganado en reflexión irónica sobre la realidad y su
comprensión por parte de los pintores. La ironía es
una forma de conocimiento, es una variante del escepticismo que
trata de darnos más de una 'cognición'. En esta exposicion
Manuel F. Saro juega con esa posibilidad al señalar el peligro
que existe en la cultura, o mejor dicho en la visión culta
de lo real. Así, nos encontramos con un romántico
y cursi paisaje de calendario que está siendo devorado por
unos insectos, normales en su apariencia pero su tratamiento y tamaño
los convierte en una evidente amenaza. En similares circunstancias
nos sitúa la pintura que nos habla de alguien que ha estado
en el estudio del pintor. Esa sensación de familiaridad y
desazón se produce por la mezcla de un paisaje realista,
uno abstracto, siluetas o huellas de personas e insectos. En este
sentido se puede enlazar su trabajo con el cine que hace David Lynch.
Bajo las formas sencillas, conocidas, provincianas si se quiere,
se encuentra un mundo transformado, raro, ... peligroso. Viene a
ser una reedición del pesimismo sartriano: el infierno son
los otros.
Hay
en la pintura de Manuel F. Saro una protesta, un grito quizá.
Una de ellas, obtenida a través de -lo que en términos
más técnicos se denomina reconstrucción- la
hoja de un calendario del mes de Abril. Y ya saben, desde T.S. Eliot
no podemos dejar de pensar que 'Abril es el mes más cruel'.
En estos cuadros se siente una sensación de invasión,
y no son los insectos. En muchos ni siquiera aparecen. Es la pintura
misma la que invade a Manuel F. Saro, especialmente el color. Unos
se le imagina en el taller como Laocoonte tratando de deshacerse
de la serpiente. Tanto le importa que no sólo sus cuadros
están llenos de color, de luminosidad, sino que en ocasiones
parece que no es suficiente y pinta unos círculos o rellena
cuadraditos de colores puros. Es como si quisiera decirnos. "Esto
es lo que he pintado pero existe más, mucho más".
Ha
titulado esta exposición recognocimientos. Es una buena referencia
a la vuelta de tuerca que da a su pintura. Y lo hace por partida
doble: por el uso explicito e irónico de grandes maestros
que aparecen en sus cuadros, y por el hecho de introducir alguno
de sus motivos clásicos para ponerlos a danzar en su propio
trabajo. Se encontrarán con Rembrandt, Picasso, Cezanne,
Van Gogh, Dubuffet, Duchamp Pero no pretende hacer un homenaje ni
tampoco una crítica, se trata de una transformación
de tanta fuerza que podemos reconocer ese proceso de elaboración
mental que sin duda Manuel F. Saro ha realizado. Y es raro ver en
una pintura el proceso de creación intelectual del pintor.

Normalmente sólo contemplamos el final,
y consideramos si nos gusta o no nos gusta. No es el caso, aquí
sucede que formas parte de la mente del artista. En realidad entras
por la puerta a ver una exposición de un pintor y un tiempo
después sales alterado por las elaboraciones que ha creado.
Ningún
cuadro de esta exposición se puede ver rápido. A ninguno
le basta una mirada. Están lejos de ser una mera pintura
decorativa. Es un trabajo artístico lleno de significaciones,
en el que las en sucesivas miradas se establecen variadas conexiones.
Eso ocurre especialmente con el que se titula Del Arsenale a
Villa Manín.
Es curioso este fenómeno que nos pone delante Manuel F. Saro.
Y es que el reconocimiento se hace en las áreas de la corteza
cerebral llamadas asociativas. En ellas la información proveniente
de varias áreas primarias se íntegra y produce un
todo. Pues bien, él ha tenido el acierto de situarnos un
momento antes de este proceso, cuando todavía podemos distinguir
los materiales. De esta manera las pinturas no hacen caen en la
cuenta de este fenómeno habitualmente inconsciente. El titulado
Reconocimiento médico es fundamental en esta exposición
y en estas ideas. La pintura, mientras que integra y expone un concepto,
el del reconocimiento, explota en significados. La descripción
que implica el título le permite mostrar a los cirujanos
de Rembrandt en desolada compañía del melancólico
doctor Gadget, médico de Van Gogh, operar sobre una masa
informe tomada de Dubbufet, alumbrados por una lámpara picassiana.
Pero el fondo del cuadro, magnífico en su capacidad de unificar
estos múltiples universos, es una enorme radiografía
del tórax. No olvidarán esta pintura. Quizá
este cuadro es el único que no obedece a una regla bastante
general en estas obras. Existe un elemento que te introduce en la
pintura, fija la mirada y luego la deja esparcirse por el cuadro.
Ese elemento puede ser el urinario de Duchamp ahora transformado
en fuente o un bodegón de Cezanne desafiando a uno de factura
más clásica o una pelota que acompaña al niño
que se baña desnudo de Sorolla en el cuadro titulado El
final de verano.
Reconocimiento o microfísica
de la elaboración pictórica. Como gusten.
RAFAEL MANRIQUE
Santander 2002
|