Manuel Fdez. Saro 7 de junio al 7 de julio 2002

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RECOGNOCIMIENTOS

No se deje engañar por el título. Es una modestia del artista porque la exposición es mucho mas. A lo que va a asistir es a un extraño y fascinante diálogo a muchas bandas.
Por un lado, entre el título de la pintura y su contenido; por otro, entre las diversas partes del cuadro y también, entre ellas y usted como espectador.
Los cuadros de esta exposición a diferencia de otras anteriores del artista, han cambiado en lo que se refiere al contenido e incluso a la técnica. Ya eso es una novedad pero, sobre todo, ha ganado en reflexión irónica sobre la realidad y su comprensión por parte de los pintores. La ironía es una forma de conocimiento, es una variante del escepticismo que trata de darnos más de una 'cognición'. En esta exposicion Manuel F. Saro juega con esa posibilidad al señalar el peligro que existe en la cultura, o mejor dicho en la visión culta de lo real. Así, nos encontramos con un romántico y cursi paisaje de calendario que está siendo devorado por unos insectos, normales en su apariencia pero su tratamiento y tamaño los convierte en una evidente amenaza. En similares circunstancias nos sitúa la pintura que nos habla de alguien que ha estado en el estudio del pintor. Esa sensación de familiaridad y desazón se produce por la mezcla de un paisaje realista, uno abstracto, siluetas o huellas de personas e insectos. En este sentido se puede enlazar su trabajo con el cine que hace David Lynch. Bajo las formas sencillas, conocidas, provincianas si se quiere, se encuentra un mundo transformado, raro, ... peligroso. Viene a ser una reedición del pesimismo sartriano: el infierno son los otros.

Hay en la pintura de Manuel F. Saro una protesta, un grito quizá. Una de ellas, obtenida a través de -lo que en términos más técnicos se denomina reconstrucción- la hoja de un calendario del mes de Abril. Y ya saben, desde T.S. Eliot no podemos dejar de pensar que 'Abril es el mes más cruel'. En estos cuadros se siente una sensación de invasión, y no son los insectos. En muchos ni siquiera aparecen. Es la pintura misma la que invade a Manuel F. Saro, especialmente el color. Unos se le imagina en el taller como Laocoonte tratando de deshacerse de la serpiente. Tanto le importa que no sólo sus cuadros están llenos de color, de luminosidad, sino que en ocasiones parece que no es suficiente y pinta unos círculos o rellena cuadraditos de colores puros. Es como si quisiera decirnos. "Esto es lo que he pintado pero existe más, mucho más".
Ha titulado esta exposición recognocimientos. Es una buena referencia a la vuelta de tuerca que da a su pintura. Y lo hace por partida doble: por el uso explicito e irónico de grandes maestros que aparecen en sus cuadros, y por el hecho de introducir alguno de sus motivos clásicos para ponerlos a danzar en su propio trabajo. Se encontrarán con Rembrandt, Picasso, Cezanne, Van Gogh, Dubuffet, Duchamp Pero no pretende hacer un homenaje ni tampoco una crítica, se trata de una transformación de tanta fuerza que podemos reconocer ese proceso de elaboración mental que sin duda Manuel F. Saro ha realizado. Y es raro ver en una pintura el proceso de creación intelectual del pintor.

Normalmente sólo contemplamos el final, y consideramos si nos gusta o no nos gusta. No es el caso, aquí sucede que formas parte de la mente del artista. En realidad entras por la puerta a ver una exposición de un pintor y un tiempo después sales alterado por las elaboraciones que ha creado.
Ningún cuadro de esta exposición se puede ver rápido. A ninguno le basta una mirada. Están lejos de ser una mera pintura decorativa. Es un trabajo artístico lleno de significaciones, en el que las en sucesivas miradas se establecen variadas conexiones. Eso ocurre especialmente con el que se titula Del Arsenale a Villa Manín.
Es curioso este fenómeno que nos pone delante Manuel F. Saro. Y es que el reconocimiento se hace en las áreas de la corteza cerebral llamadas asociativas. En ellas la información proveniente de varias áreas primarias se íntegra y produce un todo. Pues bien, él ha tenido el acierto de situarnos un momento antes de este proceso, cuando todavía podemos distinguir los materiales. De esta manera las pinturas no hacen caen en la cuenta de este fenómeno habitualmente inconsciente. El titulado Reconocimiento médico es fundamental en esta exposición y en estas ideas. La pintura, mientras que integra y expone un concepto, el del reconocimiento, explota en significados. La descripción que implica el título le permite mostrar a los cirujanos de Rembrandt en desolada compañía del melancólico doctor Gadget, médico de Van Gogh, operar sobre una masa informe tomada de Dubbufet, alumbrados por una lámpara picassiana. Pero el fondo del cuadro, magnífico en su capacidad de unificar estos múltiples universos, es una enorme radiografía del tórax. No olvidarán esta pintura. Quizá este cuadro es el único que no obedece a una regla bastante general en estas obras. Existe un elemento que te introduce en la pintura, fija la mirada y luego la deja esparcirse por el cuadro. Ese elemento puede ser el urinario de Duchamp ahora transformado en fuente o un bodegón de Cezanne desafiando a uno de factura más clásica o una pelota que acompaña al niño que se baña desnudo de Sorolla en el cuadro titulado El final de verano.

Reconocimiento o microfísica de la elaboración pictórica. Como gusten.

RAFAEL MANRIQUE
Santander 2002