PARA LLEGAR A PEP GUERRERO… …
Conviene Saber antes que nada, que él ha sido capaz de entender con la agudeza de quien borda, que cuantos más surcos traza el tiempo en los carnés de identidad; mayor es la necesidad de someter nuestro ánimo a un “liftin de las horas”.De aplicar en extenso la precisa cirugía que haga recuperar el patio del colegio, ese espacio liberador frente a las gravedades curriculares y el gris marrón del no existir como un ser diferenciado de las sillas. De sumergirlo en corrientes donde soñar con señoras, o señores, a través de las horas, los continentes y las eras; donde emboscar verdades y mentirijillas columpiándose en las trenzas de las niñas y amansar tigres asombrados frente a las canicas de Tartarín.
Desde este hallazgo que nada tiene que ver con la nostalgia, Pep nos hace recuperar la sonrisa. Ese gesto animal que nos transmuta en hombres, despojados de los lóbregos vestidos talares desde los que se nos propuso siempre acceder al arte; a la reflexión sobre el Universal humano, aquello que eternamente nos identifica.
Hecha tal consideración, el despliegue por la sala de las piezas de Pep, acaba siendo una invitación genuina a pasear por una suerte de almoneda, en la que se expone toda la poesía del caos como espejo de nuestro individual interior; permanentemente surcado por fogonazos, sombras, la película que vimos antesdeayer y el frutero de colores que adorna nuestro disparatadamente diseñado salón.
De este modo se acaba pensando en Pep Guerrero como la necesaria recta tras muchos kilómetros de curvas. Como la siesta que trufa nuestros sueños de: patinetes, tablas de planchar, zapatos viejos y sillas sobre las que acomodar el amor y echar de menos al amante…
Es, como un desván de las ilusiones donde no divertirse fue siempre imposible y en el que Pep, revuelve la pintura para que, cuando a él entremos, nos liberemos definitivamente del corsé de los altares. Si finalmente llegan a Pep, pasen y diviértanse. Y para aquellos que aún insistan en la necesidad de la seriedad y el rictus frente a la creación plástica, igualmente pasen. Pasen y reparen en la tesis sobre la perdurabilidad de las emociones. En el discurso desplegado en cuadros y cacharros sobre la vigencia de lo nuevo en lo viejo y de lo viejo en lo futuro. E igualmente, disfruten de la estancia.
Antonio Pizarro |