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EL CINE DE LAS SÁBANAS BLANCAS
Xisco
Mensua hace ya unos cuantos años que pinta y dibuja en un
reino particular. Al igual que a los demás les pasa más
tarde o más temprano, él lo ha perdido para siempre.
Y lo siente.
En ese reino las cosas se hacen porque sí, no se sabe de
nada pero se aprende de todo y, de la misma manera, se hacen todas
las cosas, sin que en realidad se haga ninguna. En él domina
el juego y la fantasía, lo que no está nada mal, pero
quizás sea más interesante otra cosa. Por ejemplo,
que todo esté postergado, excepto el momento presente. Aunque
parezca que va a durar siempre, por desgracia no es así,
como enseña con crudeza que día tras día se
prepare su abandono.
Tiempo gastado en balde, aunque bien aprovechado,
que Xisco Mensua se empeña en recuperar pacientemente. En
él las experiencias son fugitivas y sin embargo quedan marcadas.
Lo importante no es hacer nada bien, sino hacerlo por primera vez.
La curiosidad vale más que el conocimiento. Y el asombro
más que la costumbre.
En esta serie de pinturas y dibujos, Xisco Mensua abandona un poco
una de sus maneras más características.
Esos cuadros como pizarras escolares en los que la línea
fluye y se evapora como el tiempo perdido y los sueños a
medias recordados. "Carmela y Rimbaud" es un testimonio
de ese tipo de pinturas. Nocturnos, pero no por ello tristes.
Los
demás cuadros de esta muestra son tan claros como el día.
Los tres grandes, por ejemplo, en los que tres muchachas que quizás
sean tres musas flotan en espacios inmaculados que su sola presencia
ilumina. A pesar de no proyectar sombra alguna, nadie podrá
decir que son fantasmas. Cuadros claros por los que discurren, a
veces con prisas, personajes de cuento, de película o de
ensueño.
No son pocas las figuras que dormitan (o quizás piensan con
los ojos cerrados) en estos cuadros de Xisco Mensua. Unas veces
ven cosas que les gustan y otras no. Pero siempre disfrutan del
cine de las sábanas blancas.
Hay una excepción. Un ciego. "Sin ojos", escribe
con letras de asombro Xisco Mensua en uno de estos cuadros, no vaya
a ser que alguien no se haya dado cuenta. Y no sería raro
que pasara desapercibido, ya que la figura sale de la penumbra de
un sueño, de la figura pintada o tal vez del pintor, un sueño
casi olvidado, sin más detalles que esa ausencia atroz y
cruel.
No hay más dolor en la pintura de Xisco Mensua que esta ceguera.
Consuela poco pensar en la posibilidad de que a lo mejor el ciego
no note el dolor. Un manco no puede pillarse los dedos con la puerta,
pero sí sentir la ausencia de la mano que le falta.
HORACIO FERNÁNDEZ
Valencia 2002
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