Ya se sabe que un camino que recorremos por primera vez es mucho más largo que el mismo camino cuando ya nos es conocido.

Thomas Mann.

DESPUÉS DE QUINCE AÑOS

La montaña mágica. Largo ha sido el camino, sí, pero mucho más es lo que me parece que fue ahora que intento recoger en pocas palabras las impresiones, recuerdos y sentimientos que se me vienen a la mente pensando en los últimos quince años de trabajo en el mundo del arte, pues, aunque yo dejé la galería Siboney hace cinco, después de diez intensos años de sociedad con Juan Riancho, he seguido vinculado de alguna manera a ella hasta el día de hoy. Y es precisamente este vínculo persistente en el tiempo y en el espacio, pues mi proximidad a ella no sólo es espiritual, sino también física, el que me transmite ese sentimiento de magnitud enorme que me impide hacer con frialdad el camino inverso del recuerdo en el espacio mínimo de dos hojas.

En el final de la primavera de 1985 comenzaba una aventura que el tiempo y la experiencia fueron convirtiendo en verdadera empresa, pues la generosidad y el espíritu de riesgo e incluso lo radical de los planteamientos estéticos se vieron paulatinamente atemperados por una visión del negocio cada vez más obligada y necesaria y, en consecuencia mejor, sin perder por ello la orientación apropiada dentro de las tendencias del arte actual. Hoy es el día en que, tras muchas vicisitudes de todo tipo, incluidas flaquezas y altibajos y alguna que otra concesión interesada, sea por la amistad, sea por los obligados intercambios, puedo decir con orgullo, por la menor parte que a mí me ha tocado intervenir, que la galería Siboney es una de las más sólidas del panorama artístico español actual. Son muchos los artistas de todo tipo y tendencia que han pasado por ella, tantos como variadas, afortunadamente, son las personalidades o individualidades de las gentes que a él se dedican profesionalmente. Citarlos a todos sería imposible y citar a los preferidos, a aquellos en los que has puesto más esperanzas y esfuerzos, sería injusto con los demás. Esto es en justicia lo que en verdad ha sido apasionante: la variedad y la cantidad de personas y actitudes que uno ha conocido mes tras mes, año tras año, en la galería y fuera de ella, en los estudios y talleres, en las ferias y en todo tipo de reuniones. Como también ha sido variopinto el público aficionado e interesado en el arte que uno no sólo ha conocido, sino que también ha contribuido a su formación, incentivando su afición por el arte actual. Sin él se podría decir que la empresa habría fracasado, e incluso más, gracias a buena parte de él, a las esperanzas que pusieron muchas personas en los inicios del proyecto con su apoyo moral y económico, a veces en forma de pequeñas cantidades de soporte y otras con la aportación de sus modestas adquisiciones, se pudieron resistir los cruciales años del principio. Artistas y aficionados, binomio esencial, pero también los coleccionistas, que llegaron poco a poco, como es lógico, cuando fueron viendo con confianza la evolución de las cosas y al darse cuenta de que aquello que empezó como una "aventura" de dos personas inexpertas en estas lides se fue consolidando seriamente, por llevar una línea clara y consecuente, por apostar en determinados artistas de valor e insistir en ellos, por ofrecer calidad y seriedad en los planteamientos artísticos y en los empresariales, por todas esas cosas, en fin, sabidas por todos los que hacen que un negocio tenga no sólo solución de continuidad, sino también manifiesto éxito.

Una de las cosas que más deleite me ha producido, tanto dentro como en mi proximidad actual a la galería, ha sido contemplar un cambio generacional, comprobando por un lado la consolidación profesional y artística de individuos en su edad madura, en torno a los cincuenta años de edad, y por otro la llegada de artistas muy jóvenes que comienzan su carrera con fuerza, decisión, coraje y renovado vigor artístico, cuyo valor se acrecienta si nos detenemos a pensar que los tiempos actuales son aún más confusos y difíciles que hace dos décadas en términos de cantidad y calidad. Asistir a este relevo ha sido, pues, un privilegio y un regalo para todos aquellos que nos dedicamos al arte actual y en particular para la galería, como fruto de su perseverancia y bien hacer.

En mi última instancia es mi deber, siendo consecuente con el espíritu que anima este escrito, eminentemente sentimental, dedicar unas palabras al principal animador la galería Siboney desde sus comienzos: Juan González Riancho, cuya personalidad austera y laboriosa, de trabajador esforzado y tenaz, ha sido el motor verdadero del éxito actual de la galería. Cualidades estas tan esenciales como su acendrada o limpia personalidad en un mundo tan peculiar y difícil como el del comercio del arte, a las que se une una visión sagaz, clara y sensible de los derroteros por los que éste discurre, ingredientes todos ellos para continuar otros quince años más, que son los que yo me deseo poder ver.

Fernando Zamanillo Peral.
Santander, febrero 2000